A punto de cumplir 60 años, Cindy Crawford es una leyenda en el mundo de la moda: apareció en más de mil tapas de revistas, posó para los fotógrafos más prestigiosos, integró el team fashion más famoso de todos los tiempos, el de las supermodelos, fue musa y amiga de grandes diseñadores como Karl Lagerfeld, Gianni Versace y Giorgio Armani, y también se consagró como una de las primeras modelos en construirse a sí misma como marca de alcance global. Pero hay más: la top de cuerpo perfecto, dueña de ese icónico lunar en la parte superior de la boca que llevó a que muchas chicas de los ochenta y noventa se pintaran uno igual para ser tan sensuales como ella, logró dejar el mejor legado: su hija, Kaia Gerber, es una de las modelos más cotizadas de la actualidad.


SELFMADE WOMAN
Cynthia Ann Crawford nació en DeKalb, Illinois, el 20 de febrero de 1966. Sus padres, John y Jennifer, que habían sido novios desde la adolescencia, se separaron cuando ella estaba en la escuela secundaria, y esa ruptura le dio a Cindy su primera lección: después de ser testigo durante años de cómo su padre controlaba económicamente a su madre reteniéndole dinero semana tras semana, decidió que iba a ser una mujer económicamente independiente. Durante su infancia, un trágico suceso también la formateó por el resto de su vida: cuando tenía 8 años, su hermano pequeño, Jeff, de 2, murió de leucemia. Por eso, desde que se hizo famosa y rica, se convirtió en una activa defensora de la investigación del cáncer pediátrico.

De adolescente, Cindy trabajó en varias granjas de la zona “limpiando y descascarando maíz” para colaborar con la precaria economía familiar. Pero muy rápido descubrió que el trabajo de modelo también era una opción para ganar dinero. “Cuando comencé a modelar, lo hacía como un trabajo, no como un estilo de vida”, contó.

En verdad, su carrera arrancó cuando un fotógrafo local le propuso hacerle fotos para el periódico de la Universidad del Norte de Illinois. Ella hizo la producción fotográfica y una imagen que la mostraba divina junto a una pileta se convirtió en tapa. Cindy explicó varias veces que esa fotografía cambió su vida: animada por el entorno, se presentó a un concurso de la agencia Elite y lo ganó. Era 1983 y tenía 17 años. El triunfo llevó a Crawford a instalarse en Nueva York y, muy pronto, ya tenía un contrato con Revlon y otro con la cadena MTV, con programa propio, House of Style. Cindy también supo aprovechar el momento y logró status de referente fit con unos videos de gimnasia en los que enseñaba su método para mantenerse en forma.

Fueron pasando los años y su carrera despegaba como la espuma (para fines de la década del ochenta ya ganaba seis millones de dólares anuales). A principios de los noventa, era una de las favoritas de los popes de la moda, junto a Naomi Campbell, Linda Evangelista y Christy Turlington, con quienes “inventó” el concepto de supermodelos: eran cuatro superestrellas que cambiaron la dinámica de poder de la industria y eclipsaron a la moda misma. En ese entonces, todo lo que concernía a estas bellas mujeres era de interés de los medios: sus amores, sus viajes, la ropa que usaban, sus rutinas de cuidado… ¡todo! Un póker de reinas en el que Cindy Crawford tenía corona propia.


COSAS DEL CORAZÓN
En 1988 conoció a Richard Gere en casa de un amigo en común. Ella tenía 22 años, él 37, y eran dos de las personas más famosas del planeta. Se enamoraron perdidamente y los medios estallaron cuando se conoció el romance entre “el hombre más sexy del mundo” y una de las mujeres “más bellas”. Aunque Cindy posaba libre y sensual para la tapa de Playboy, “era una chica del medio oeste que había visto muchas películas y soñaba con casarme en una boda de cuento de hadas. Cuando llevábamos saliendo un par de años yo no paraba de preguntar cuándo nos casamos y al final él dijo: ‘Nos vamos a Las Vegas esta noche’”, según contó ella en su autobiografía. Así, el 21 de diciembre de 1991, durante una pausa en el rodaje de Mr. Jones, Gere les pidió a Crawford y a algunos amigos que lo acompañaran a un viaje en jet privado. Aterrizaron en Las Vegas y una limusina los llevó hasta The Little Chapel en The West, una de esas capillas de la ciudad que se ven tanto en el cine. Y se casaron. “Llevaba un anillo de estaño porque todo fue muy de última hora”, reveló la modelo. El matrimonio duró cuatro años, hasta 1995.

Al año siguiente, Cindy tuvo una relación con el actor Val Kilmer, pero el verdadero amor le llegaría con el empresario Rande Gerber, a quien conocía desde hacía un tiempo gracias a su agente. En 1998 se casaron en una playa desierta de California con unos pocos amigos como testigos, y desde entonces llevan casi treinta años juntos y tienen dos hijos: Presley (26) y Kaia (24). Sin duda, Cindy Crawford no sólo mantiene intacta su belleza y su físico espectacular, sino también su poderío y magnetismo, como lo prueban el éxito de sus marcas de beauty (Meaningful Beauty) y de deco (Cindy Crawford Home Collection) y su colaboración en calidad de embajadora con muchas marcas de lujo. Atributos que la ubican entre las modelos más relevantes de la historia.



